CERDO ANTE DIOS
José Emilio Pacheco
Méjico
Tengo siete años. En la granja observo
por la ventana a un hombre que se persigna
y procede a matar un cerdo.
No quiero ver el espectáculo.
Casi humanos, escucho
alaridos premonitorios.
(Casi humano es, dicen los zoólogos,
el interior del cerdo inteligente,
aun más que perros y caballos.)
Criaturitas de Dios, los llama mi abuela.
Hermano cerdo, hubiera dicho san Francisco.
Y ahora es el tajo y el gotear de la sangre.
Y soy un niño pero ya me pregunto:
¿Dios creó a los cerdos para ser devorados?
¿A quien responde: a la plegaria del cerdo
o al que se persignó para degollarlo?
Si Dios existe ¿por qué sufre este cerdo?
Bulle la carne en el aceite.
Dentro de poco, tragaré como un cerdo.
Pero no voy a persignarme en la mesa.
Imprecaciones de los cerdos
¿Por qué todos sus nombres son injurias?
Puerco/ marrano/ cerdo/ cochino/ chancho.
Viven de la inmundicia. Comen, tragan
(porque serán comidos y tragados).
De hinojos y de bruces roe el desprecio
por su aspecto risible, su lujuria,
su fundado temor de propietario.
Nadie llora al morir más lastimero,
interminablemente repitiendo:
-Y pensar que para esto me cebaron...
Qué marranos/ qué cerdos/ qué cochinos...
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