Una monja, en necesidad de usar un sanitario, entra en un pub.
El local es bullicioso, con música alta y conversaciones de los parroquianos.
Sin embargo cuando los clientes vieron a la monja, el salón quedó en completo silencio.
La monja se dirige al cantinero y pregunta:
“Podría utilizar su servicio higiénico?”
El cantinero le responde:
“O.K. Pero deseo advertirle que allí hay una estatua de un hombre desnudo, cubierto solo con una hoja de parra, cuyo miembro viril parece muy real…”
“Bueno, en ese caso miraré para otro lado”, dice la monja.
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